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Las agresiones en Alemania están planificadas, dice Merkel. Pero ¿Por quién?

LAS AGRESIONES DE NOCHEVIEJA EN COLONIA FUERON PLANIFICADAS, DICE MERKEL. PERO ¿POR QUIÉN?
Ana Camacho.

Los ataques masivos dirigidos contra mujeres por hombres de “aspecto árabe y norteafricano” en las calles de Colonia durante la celebración de la Nochevieja han vuelto a plantear nuevas incógnitas sobre la crisis de los refugiados que hemos vuelto a tratar en el programa 44 de “Entre Líneas” del Vórtice radio, programa semanal especialmente dedicado a analizar la confusión informativa.

En principio, estos extraños sucesos del fin de año favorecen en los medios tanto españoles como internacionales dos bandos: el que se centra en interpretar los hechos desde la perspectiva de los que, especialmente desde la derecha, han estado exigiendo poner límites a la acogida de refugiados en la Unión Europea y los que ven en la publicidad dada a estas agresiones una instrumentalización del miedo al extranjero como arma política para implantar medidas restrictivas e, incluso, antidemocráticas en nombre de la seguridad de Estado.

Tampoco faltan las teorías conspiratorias que no acaban de encajar del todo con ninguna de los dos relatos anteriores. El propio Gobierno alemán sostiene que los ataques que sufrieron esa Nochevieja centenares de mujeres formó parte de una acción planificada con mucha premeditación y alevosía. “Algo así no surge de la nada. Tiene que haber alguien detrás”, ha dicho el ministro de Justicia, el socialdemócrata Heiko Maas, sin aclarar quién o quienes han sido los responsables de la conspiración a la que él alude como una “nueva dimensión de crimen organizado”.

Ya apuntamos en otro programa anterior que la crisis provocada en Alemania por la masiva ola de refugiados procedentes de Siria (pero también de otros países de África y Asia) que este verano súbitamente comenzaron a atravesar la Europa centro-oriental rumbo a este país de la Unión Europea ha creado un serio frente de problemas a la presidenta del Gobierno Angela Merkel. La forzosa acogida a los refugiados ha bajado sus índices de popularidad y dado alas a plataformas de exrema derecha que ya venían pidiendo la dimisión de Merkel por no lograr frenar el flujo de nuevos solicitantes de asilo, especialmente a Pegida (Patriotas Europeos contra la islamización de Occidente), al que el propio Gobierno alemán califica de afiliado a la extrema derecha y neonazi. Incluso antes del indignante y extraño incidente de Nochevieja publicaciones como el Financial Times han vaticinado que el fenómeno que el pasado año sumó más de un millón de nuevos llegados al país, acabará quitando a Merkel de su cargo de canciller este 2016.

Era previsible, como advertimos en el programa 44, que la indignación suscitada por los incidentes de la Nochevieja echasen nueva leña al fuego a la polémica migratoria que Merkel no ha logrado calmar con el anuncio de un endurecimiento de la ley de asilo. El miedo y la duda se han adueñado incluso de la opinión pública que rechaza la deriva xenófoba de Pegida y asocia el auge de este movimiento con hechos reprobables como las agresiones a extranjeros o el atentado que la actual alcaldesa de Colonia, Henriette Reker sufrió el pasado octubre a manos de un alemán que la apuñalo de gravedad por haber defendido la acogida a los huidos de Siria.

No hay duda de que lo agresores de Colonia se tomaron inusuales molestias para que sus acciones pusiesen la mecha a la ira y miedo popular sumando argumentos a favor de la campaña antiemigrantes de Pegida: los ataques los ejecutaron en grupo, tomando como blanco a las mujeres. Los informes policiales que se han ido haciendo públicos sobre los sucesos han confirmado la presencia entre buen número de sospechosos de solicitantes de asilo que se dirigieron a los policías que los interrogaron con un tono provocador, impropio de un refugiado en situación vulnerable, diciendo lo que hay que decir para darle la razón a los xenófobos: “Soy refugiado, la señora Merkel me invitó. Tienes que ser amable conmigo”. Otro indicio de que la concentración de los atacantes ante la estación de Colonia y sus agresiones sexistas no fueron el mero resultado del excesivo consumo de bebias alcohólicas es que a algunos de los sospechosos llevaban consigo notas escritas en árabe, con su traducción al alemán al lado, de los insultos machistas que debían dirigir a sus víctimas.

Para los simpatizantes de Pegida y otros movimientos occidentales que alientan el temor a una invasión musulmana de Europa, el hecho de que el Gobierno reconozca que los ataques fueron el fruto de una oscura conspiración confirma las tesis con las que vienen defendiendo que las hileras de supuestos huidos del conflicto que se dirigen a Alemania, forman parte de una estrategia del Estado Islámico para imponer su proyecto en Europa y acabar con la cristiandad en esta parte del mundo por la vía de la superioridad demográfica de los países musulmanes.

En Pegida, en efecto, tienen su propia teoría conspiratoria, la de que en las élites de Alemania y otras potencias occidentales (especialmente Estados Unidos) anidan poderosas complicidades con esta invasión silenciosa que acabará imponiendo la sharía a los europeos. Ello explica que en sus manifestaciones, junto a las consignas de “Fuera Merkel” abunden las pancartas y gritos contra EEUU a cuyo Gobierno acusan especialmente de haber armado y protegido a la hidra del terror yihadista. Curiosamente, en estos actos tampoco faltan pancartas con entusiastas agradecimientos a la ofensiva militar del presidente Putin contra el Estado Islámico, un detalle menos presente en los relatos periodístico sobre este movimiento.

La falta de medios y efectivos policiales que en la Nochevieja permitió a los mil asaltantes realizar sus desmanes a sus anchas no es para Pegida el fruto de un error sino el rastro de un apoyo efectivo a los supuestos invasores que contrasta con el contundente uso de cañones de agua y de spray de pimienta con la que los antidisturbios reprimieron en cambio en los días sucesivos sus manifestaciones de repudio a las agresiones machistas.

Pero los militantes de Pegida no han sido los únicos en acusar al Gobierno de Merkel de haber intentado silenciar los ataques que fueron dándose a conocer durante la misma noche del 31 de diciembre a través de una página de Facebook. Algo de razón debe de haber en esta denuncia que ha corrido como la pólvora en las redes sociales ya que algunos medios de comunicación, entre ellos la televisión pública ZDF, han pedido perdón a la audiencia por el retraso con que se dio la información relativa a las agresiones masivas.

Tampoco le ha venido bien al Gobierno alemán la situación equívoca que creó la actuación de los portavoces oficiales negando en un principio la participación de refugiados en los ataques y minimizando la importancia de los hechos, frente a los informes policiales elaborados la misma Nochevieja que se han ido filtrando, especialmente al sensacionalista y conservador diario Build. Se trata del mismo rotativo que hace unos meses le creó una situación muy incómoda a Merkel al filtrar un informe gubernamental que demostraba que el Ejecutivo estaba mintiendo con sus promesas de poner freno a la emigración porque sus propios datos indicaban que, por el contrario, iba a crecer a un ritmo mayor de lo esperado.

Entre quienes han dado la razón a los que creen que el Gobierno de Angela Merkel intentó ocultar la verdad destacan los analistas de Russia Today que han destacado en sus titulares que el Build se atrevió por fin a romper el muro de silencio sobre el descontrol y caos que se adueñó de las calles de Colonia durante lo que definen como una “cacería sexual”.

Es indudable que el conflicto sirio viene de esta forma a remover la política interna alemana. Habrá que ver si ello imprime nuevos rumbos a la diplomacia alemana en relación con el conflicto de Siria.

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