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Poner patas arriba el relato económico dominante.

Foto Alvaro Minguito para El Salto.

artículo de Fernando Luengo publicado en El Salto. El 2017-11-03

El enfoque de la economía predominante centra el debate económico y también la agenda política en hacer máximo el crecimiento del producto interior bruto, pero esta no es la llave que abre todas las puertas.

Son muchas las diferencias existentes entre la visión convencional, y dominante, de la economía y la sostenida por los enfoques críticos. En las líneas que siguen me centro en algunas de ellas, referidas a la construcción del relato a partir del que se justifican y se imponen las políticas económicas.

El enfoque estándar sitúa en el eje del debate económico y también de la agenda política hacer máximo el crecimiento del producto interior bruto (PIB), como si esta fuera la llave que abre todas las puertas. A la consecución de este objetivo deben consagrarse todos los esfuerzos, públicos y privados. Las políticas de ajuste presupuestario, la represión salarial, la privatización y mercantilización de los activos públicos, la liberalización de los mercados y el sometimiento de las economías a los rigores de la competencia internacional…todo se justifica, todo encuentra su lógica, en la necesidad de recuperar y sostener el crecimiento. Este ha sido el discurso dominante, antes y durante la crisis.

¿Ha cambiado algo este planteamiento la evidencia de que el crecimiento se ha mostrado esquivo en las últimas décadas? ¿Alguna reflexión crítica derivada de la aplicación de unas políticas que han atrapado a las economías en un bucle recesivo y que sólo en los últimos años acreditan un aumento del PIB, inestable e insuficiente? Ninguna. Al contrario, las organizaciones monetarias y financieras internacionales, la troika comunitaria y la mayor parte de los gobiernos perseveran, con más énfasis si cabe, en las mismas o parecidas políticas, que han ofrecido un balance a todas luces insuficiente en materia de crecimiento, el objetivo fundamental que pretendían alcanzar.

El peso, tanto en la academia como en la esfera pública, de la ideología y la inercia intelectual, y de los enormes intereses las alimentan, tienen algo que decir en el mantenimiento, contra viento y marea, de este mantra. Pero, en mi opinión, hay otra razón a tener en cuenta de la máxima importancia. Las políticas aplicadas –presentadas como instrumentos y herramientas para dinamizar el PIB- son en realidad el objetivo; el medio es el fin.

La represión salarial y la desregulación de las relaciones laborales permiten el aumento de los márgenes empresariales y debilitan las resistencia de los trabajadores; la privatización de los activos estatales y la mercantilización del sector público proporcionan nuevas parcelas de negocio y de valorización del capital a las grandes corporaciones; los ajustes presupuestarios aseguran la socialización de los costes de la crisis y abren vías de financiación pública para la reestructuración de la industria financiera; la apertura y globalización de los mercados otorga más poder a las empresas transnacionales, debilitando la capacidad reguladora y negociadora de los Estados.

Para leer el artículo completo pincha aquí: El Salto.

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